El Inmigrante

Living abroad / Vivir en el extranjero


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La primera vez que emigras

(for the English version, see below)

Siempre hay una primera vez para todo. En este mismo momento, una ráfaga de primeras veces cruza mi mente y si elijo una de ellas, todos los sentimientos de ese momento vendrán de nuevo a mí casi inmediatamente. Pero hoy me gustaría escribir sobre un recuerdo en particular, sobre la primera vez que emigré de mi país para emprender mi aventura por el viejo continente.

El día que salí de Perú para vivir en otro lugar no era realmente la primera vez que iba a otro país, pero sí la primera vez que me iba por más de 2 semanas y la primera vez en un vuelo intercontinental. Dejaba mi país para vivir en Inglaterra por 8 meses.

Duración del vuelo: ¡15 horas y 3 escalas! 

Para cualquier novato, como lo era yo en ese entonces, el hacer un vuelo tan largo puede ser una odisea que se inicia desde el momento que llegas al aeropuerto y termina cuando finalmente ves la cama donde dormirás durante tu estancia, esa casa desconocida donde empezarás una nueva vida o esa habitación de hotel donde pasarás tus primeras noches en el extranjero.

Pero empecemos por el principio. Si bien recuerdo, los días previos a mi partida fueron de locos. No solo era el hacer mi maleta lo que me estaba estresando o haciendo que mi viaje fuera cada vez más real pero también me estresaba el hecho de decir adiós a mis viejos amigos y compañeros de trabajo, el cenar con mi mejor amiga por última vez, el visitar a mi abuela para despedirme y para que diera un abrigo más (como me iba a la fría Inglaterra, necesitaba todo el abrigo posible), el dejar todas mis cosas y documentos en orden en el trabajo, el firmar papeles para poder obtener un préstamo, el ir al médico para una revisión general, el preparar mi cumpleaños de 25 años y mi fiesta de despedida (dos fiestas en una), etc. Había tantas despedidas y emociones que no podía sentir ni procesar en aquel entonces. Solo ahora que miro hacia atrás, me puedo dar cuenta de lo abrumador que fue todo eso. La duración de mi estancia en Inglaterra solo era de 8 meses, pero por alguna razón sentía que era por más tiempo que eso.

Buena prueba de ello eran mis dos maletas grandes (23 kg cada una), una maleta de mano de 10 kg y sin ruedas (una de las ideas más estúpidas que he tenido hasta hoy), una bolsa llena de CD y para colmo, mi guitarra eléctrica. Ni siquiera voy a mencionar el número de abrigos y chompas/jerséis que llevaba en mi maleta y mi mano. Como podrán ver, ‘viajar fácil’ no estaba en mi vocabulario… aún.

Una vez en el aeropuerto, y después de una larga despedida de mi familia, me encontré camino a mi próximo sueño, mi próximo destino. En el aeropuerto, aún me encontraba entre mis connacionales y mi idioma, así que todo el proceso de salir de mi país sucedió sin ningún problema u obstáculo. Recibí un sello en mi pasaporte y una sonrisa cordial y luego me dirigí a mi primera puerta de embarque. No fue hasta que el avión despegó que me di cuenta de que estaba dejando mi país, mi hogar, mis amigos, mi familia y a ‘mí’. El ‘mí’ que hasta ese entonces conocía, el ‘mí’ que había estado conmigo por 25 años, el ‘mí’ que creía conocer. Ese momento, en ese avión, es donde se encuentra el último recuerdo de ‘mí’ como 100% peruana.

Después de 3 escalas horrorosas, que incluyeron: esperar en diferentes puertas de embarques, perderme en el aeropuerto de Madrid-Barajas, correr como loca por los pasillos rodantes con mi guitarra en el hombro y mi maleta sin ruedas y ser interrogada con mil preguntas, finalmente llegué al aeropuerto de Heathrow, no era mi destino final pero ya estaba cerca. Solo me faltaba tomar un autobús y al fin podría echarme en una cama, ¡moría por echarme en una cama!.

My first view at the London Eye

Antes de continuar, tengo que mencionar que viajar a Inglaterra era mi sueño (bueno, mi obsesión) desde que tenía 15 años. Solía decorar mis libros del colegio con imágenes de Londres y las bandas británicas de esa época (eran los noventas y la Invasión Británica estaba de moda; yo era la víctima número 1 de todo eso). Cada vez que decía que viviría en Inglaterra, la gente se ría o me decía: ‘Sí, sí, claro. ¿Cómo piensas pagar eso?’. Nunca tuve una respuesta a eso, pero tenía esperanzas y fuerza de voluntad, así que ahora ahí tienen la respuesta.

 En el aeropuerto de Heathrow me dieron la bienvenida a Inglaterra con una gran sonrisa, algo que fue refrescante y muy necesario después de un viaje tan largo. Mi próximo paso era conseguir un billete de autobús al pueblo donde viviría 8 meses. Una vez que conseguí el billete, fui directamente a la zona de espera. Cuando el autobús llegó, el conductor abrió el compartimiento para el equipaje y yo me quedé junto a mis maletas esperando que él las pusiera en el compartimiento, como se acostumbra en Perú. El conductor me miró con enojo y yo no entendí el porqué. Me volvió a mirar y me preguntó: ‘¿Vienes o qué?’. En ese momento me sentí muy confundida, después de haber sido recibida con tanto cariño, no me esperaba esa actitud para nada. De pronto, me di cuenta que yo misma tenía que poner mi equipaje de 56 kg en el compartimiento. ¡El choque cultural empezó ese mismo día!

Después de esa primera experiencia cultural y de aprendizaje, le di al conductor mi billete y subí al autobús. Y sin haber pasado más de 5 minutos, otro aprendizaje ya estaba en camino. Mientras trataba de encontrar el número de asiento que tenía en mi billete, alguien me gritó: ‘¡Siéntate donde quieras, aquí no hay número de asiento!’. Auch, y mi alma empezó a desmoronarse.

Creo que todos somos susceptibles a ciertas cosas, eventos o palabras. Aquel día, me sentí frágil, sola y demasiado sensible a todo, incluso al aire.

Me senté junto a la ventana, me puse mis auriculares/audífonos y dejé que The Cure me diera su propia bienvenida a Inglaterra. Cuando tenía 15 años, siempre veía muchos documentales y programas de TV sobre Inglaterra, generalmente sobre Londres. Es por eso que estaba muy sorprendida de ver tantas zonas verdes y casas tradicionales con tejado de paja a lo largo del camino. Quizá estaba esperando ver edificios grandes y altos, así como casas modernas. Fue entonces que me di cuenta que no estaba preparada ni informada sobre el país donde iba a vivir. Me sentí avergonzada.

Finalmente llegué a mi destino, un pueblo pequeño de 200,000 habitantes (bueno, así decía la señal de bienvenida en la entrada del pueblo). ‘¿Qué?’ me dije a mí misma y pensé: ‘¡pero si mi ciudad natal tiene más de 800,000!’. Fue ahí que mi sueño de dejar mi aburrida ciudad y vivir una vida moderna en Europa se convirtió en una total ironía.

En cuanto me bajé del autobús, vi una estación oscura, vieja y desolada. Eran algo de las diez y media de la noche y todos los habitantes, al parecer, ya estaban durmiendo. Luego de que los pasajeros del autobús se fueran de la estación, el conductor me preguntó si alguien iba a recogerme y le dije que sí. Se suponía que la señora que me iba a tener en su casa iba a recogerme de la estación pero no la veía por ningún lado. Creo que le di pena al conductor porque al final decidió quedarse un rato más conmigo. Resultó ser un hombre muy amable y tenía mucha curiosidad acerca de mí y todo mi equipaje. ‘¿Te vas a quedar mucho tiempo en Inglaterra?’ me preguntó y le dije: ‘8 meses’. Miró mi equipaje y sonrió.

La señora, mi anfitriona, llegó 20 minutos tarde, me había estado esperando al otro lado de la estación. Ella y su hija me recibieron con abrazos y flores. Me sentí aliviada y nos fuimos a mi nuevo hogar. Después de una charla muy larga, me di una ducha y fui a la cama. Me puse los auriculares/audífonos y lloré hasta quedarme dormida. Estaba exhausta por el viaje y el cambio de horario, mis brazos me dolían por todo el equipaje que había cargado y me arrepentí de haber dejado mi hogar, mi país. Sé que todo puede sonar muy dramático pero es así como me sentía en ese momento.

My first room abroad

Mi primera habitación en el extranjero

El llorar hasta quedarme dormida me ayudó a desfogar todas las emociones de las últimas semanas y a comenzar una nueva vida al día siguiente.

Todo el mundo experimenta la emigración de diferentes formas, pero creo que todos compartimos los mismos sentimientos cuando se trata de la primera vez que te subes a ese avión, la primera vez que llegas a un nuevo país y la primera noche que pasas en el extranjero. Creo que vale la pena echar un vistazo atrás, ver dónde nos encontramos ahora y reflexionar sobre ese camino recorrido. Incluso podríamos preguntarnos si aún seguimos siendo la misma persona.

Entonces…¿cómo fue la primera vez que emigraste?

 

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“Fíjese en mí, le digo ahora. Vine a este pueblo hace más de treinta años y desde entonces estoy de paso. Estoy siempre de paso, soy lo que se dice un ave de paso, solo que permanezco siempre en el mismo lugar. Permanezco siempre en el mismo lugar pero estoy de paso, le digo.”

Ricardo Piglia

“Look at me, I am telling you now. I came to this town 30 years ago and since then I’ve just been passing through. I am always passing through, I am what it is called a bird of passage, but I am still in the same place. I will always be in the same place but I am passing through, I am telling you.” (my own translation)

Ricardo Piglia

 


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The first time you leave

There is a first time for everything. Right this moment, a rush of first times crosses my mind and if I choose one of those memories, all the feelings of that exact moment will come back to me almost immediately. But today, I would like to write about one in particular, which is the first time I left my country to embark on my adventure through the old continent.

The day I left Peru to live somewhere else was not the first time I was going to another country, but it was the first time I left for longer than 2 weeks and my first time on an intercontinental flight. I was going to live in England for 8 months.

Flight duration: 15 hours and 3 stop overs! 

For all first timers, going on a long flight can be an odyssey. It starts from the moment you get to the airport and it finishes when you finally see that bed where you will be sleeping during your stay, that unfamiliar place where you will be living or that hotel room where you will be spending your first nights.

But first let’s set the mood. As I clearly recall, the days before getting on that plane were crazy. It was not only packing the suitcases that was stressing me out and making my trip so real, but it was also saying goodbye to my old good friends and colleagues, having one last dinner with my best friend, visiting my grandmother for one more sweater to pack (since I was going to the cold England, I needed as much warmth as possible), leaving all things in order at my work, signing documents to get a loan, getting a medical check-up, preparing my 25th birthday/farewell party, etc. There were so many emotions and goodbye moments that I could not process at that time, but now, looking back, I can see how overwhelming all that was. I was only leaving for 8 months but for some reason, I felt I was leaving for longer than that.

A good proof of that was my 2 big suitcases (23 kg. each), a 10 kg hand luggage without  wheels (the dumbest decision ever), a purse full with CDs and to top it all my electric guitar. I won’t even mention how many seaters and coats I was wearing. So as you can see, easy traveling was not in my vocabulary… yet.

Once I was at the airport, and after saying a long (teary) goodbye to my family, I was on my way to my next dream, my next destination. Since I was still in my country, with my connationals and my language, it all went really fast and without any obstacles. A stamp on my passport, a cordial smile and there I went to my first gate. It was not until the plane took off that I realized I was leaving my country, my home, my friends, my family and me! The ‘me‘ I knew until that moment, the ‘me‘ that had been with me for 25 years, the ‘me‘ who thought knew it all. That moment was my last memory of ‘me‘ as a 100% Peruvian.

After 3 agonizing stop overs, which included waiting for hours at different gates, getting lost at Madrid-Barajas airport, running through moving walkways with my guitar and my no-wheels-at-all hand luggage and being asked a thousand questions, I finally arrived to Heathrow airport, not my final destination yet but close enough. I only had to take a bus to this town, and soon I would be in bed, oh sweet bed!.

I have to mention that going to England was my dream (ok, my obsession) since I was 15 years old. I used to decorate my school books with pictures of London and British bands (it was the 90’s and the British invasion was ‘in’, so I was a victim of it). Every time I said I was going to England, people laughed at me or said: ‘Yeah, right! How are you going to afford that?’. I never had an answer to that, but I had hopes and willpower, so there you go.

London Eye

At Heathrow, I was welcomed to England with a big smile. This was just refreshing and needed after my long trip. My next step was to get a bus ticket to the town where I was going to live for the next 8 months. Once I got the ticket, I went straight to the waiting area. When the bus came, the driver opened the luggage compartment and I stood there with all luggage ready for him to put it in the compartment, as accustomed in Peru. The driver gave me an angry look that I did not understand. Then, he looked at me again and asked: ‘Are you coming or what?’. I was so confused, after a warm welcome at the airport, I was not expecting this at all. Soon, I realized I had to put my 56 kg luggage in that compartment all by myself. Culture shock began that very first day!

After that first cultural/learning experience, I gave him my ticket and got on the bus. Again, another moment was coming my way. I was trying to figure out which seat number I had when I heard someone shouting: ‘Sit wherever you want, there are no seat numbers here!’. Ouch, and so my soul started to crash.

I think we are all susceptible to certain things, events or words. At that moment, I felt I was fragile, alone and way too sensitive to everything, even the air.

I took a seat by the window and put on my headphones and let The Cure give me their own welcome to England. I used to watch a lot of documentaries and TV programs about England, mostly London, so I was so surprised to see so many green areas and thatch-roofed cottages and houses along the way. I was expecting big tall buildings and modern houses. And then, it hit me, I was not prepared nor even well-informed about the country I was going to live. I felt ashamed.

I finally arrived to my destination, a small town of 200,000 inhabitants (so the welcome sign indicated). ‘What?’ I said to myself, ‘my hometown has more than 800,000!!’. My dream of leaving my boring town and living in Europe was just a total irony.

As I got off the bus, I saw a dark, old and desolated bus station. It was around 10:30 pm, everybody was already sleeping. After all the passengers left, the bus driver asked me if somebody was going to pick me up and I said yes. I was expecting my hostess to be there by then but she was not. The bus driver took pity on me and decided to wait a bit longer. He ended up being a nice man and he was very curious about me and all my luggage. ‘Are going to stay in England for a long time?’ he asked and I said: ‘For 8 months’. He looked at my luggage and smiled.

My hostess arrived 20 minutes later, she was waiting for me at the other side of the station. She and her daughter welcomed me with hugs and flowers. I felt relieved! We went to my new (temporary) home. After a long chat, I took a shower and went to bed. I put on my headphones and cried myself to sleep. I was extremely tired from the jet lag, my arms hurt from all the luggage I carried and I regretted to have left home. It might all sound too dramatic but those were my feeling at that exhausting moment.

My first room abroad

Crying helped me to release every emotionfrom the pastweeks and it helped me to start a new life the next day.

Everybody experiences emigration in different ways but I think we all share the same feelings when it comes to that first time on that plane, the first time you arrived to a new country and the first night you spent abroad. It is worth to take a look back, see where we are now and reflect on it. Maybe even ask ourselves if we are still the same person.

So…how was your first time leaving your country?


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“So, I guess we are who we are for alot of reasons. And maybe we’ll never know most of them. But even if we don’t have the power to choose where we come from, we can still choose where we go from there. We can still do things. And we can try to feel okay about them.”
― Stephen Chbosky, The Perks of Being a Wallflower

 

“Supongo que somos lo que somos por muchas razones. Y quizá nunca conozcamos la mayoría de ellas. Pero aunque no tengamos el poder de escoger de donde venimos, podemos escoger adonde vamos. Todavía podemos hacer cosas y podemos intentar sentirnos bien por ellas”. (mi propia traducción)

― Stephen Chbosky, de la película The Perks of Being a Wallflower (Las ventajas de ser invisible/un marginado)


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The immigrant blog / El blog de El inmigrante

ENGLISH VERSION

This blog is a place to share experiences and opinions, to talk about culture shock or differences and to find a way to cope with this adventure.

When you live in another country, it is easy to feel frustrated and not understood. As an immigrant myself, I know that it can be a tough and lonely path to walk through. If you ever feel like this, maybe this blog can help you to find that empathy or company you are looking for.

This blog is by no means a place to point fingers at or complain about a particular country or nationality. There is also zero tolerance to racist comments and discrimination. This space has the goal to create a positive environment and provide support to people who want to understand what it is to live in another country and the process of adaption.

VERSIÓN EN ESPAÑOL

Este blog es para compartir experiencias y opiniones, para hablar sobre el choque cultural o las diferencias culturales y para encontrar una forma de sobrellevar esta aventura.

Cuando se vive en otro país, es muy fácil sentirse frustrado o no comprendido. Como inmigrante, sé que puede ser un camino duro y solitario. Si alguna vez te sientes o te has sentido de esta manera, quizá este blog te ayude a encontrar la empatía o la compañía que estás buscando.

Este blog no ha sido creado para culpar a otros o para quejarse de un país o una nacionalidad en particular. De ninguna manera se aceptarán comentarios racistas o discriminación de ningún tipo. Este espacio tiene la intención de crear un ambiente positivo y apoyar a la gente que quiera comprender lo que significa vivir en otro país, así como el proceso de adaptación.